La falacia del costo hundido es un sesgo cognitivo que afecta la forma en que personas y organizaciones deciden continuar o abandonar proyectos, inversiones o procesos.
Surge cuando se mantienen decisiones solo porque ya se han invertido recursos, aun cuando la evidencia demuestra que no generan valor.
Entender este fenómeno ayuda a tomar decisiones más objetivas y estratégicas.
La falacia del costo hundido ocurre cuando se le da peso excesivo a recursos ya invertidos —tiempo, dinero o esfuerzo— que no pueden recuperarse. Este sesgo lleva a sostener decisiones ineficientes por razones emocionales o de compromiso previo.
Reconocer este patrón implica separar los costos pasados de la evaluación real del futuro.
La falacia del costo hundido puede afectar directamente la rentabilidad y la eficiencia. Entre los impactos más comunes están:
Estos efectos limitan la innovación y reducen la agilidad empresarial.
La falacia del costo hundido es frecuente en la operación diaria. Algunos ejemplos típicos son:
Detectarlos permite tomar decisiones basadas en datos, no en compromisos del pasado.
Para reducir la influencia de la falacia del costo hundido, las empresas pueden aplicar estrategias como:
Estas prácticas ayudan a tomar decisiones más racionales y orientadas al valor real.
La falacia del costo hundido es un sesgo común que puede frenar el crecimiento y la rentabilidad empresarial. Identificarla y aplicar estrategias para evitarla permite corregir desviaciones, fortalecer la toma de decisiones y construir una operación más eficiente. Al evaluar proyectos con criterios objetivos y orientados al futuro, las empresas pueden adaptarse mejor y mantener estrategias sostenibles.